Un aumento histórico que reabre el debate económico
El salario mínimo en Colombia volvió a convertirse en el eje de la discusión nacional. Con un incremento del 23,78%, decretado por el presidente Gustavo Petro para 2026, el ingreso mínimo mensual —incluido el auxilio de transporte— llegó a los $2 millones, una cifra inédita en la historia reciente del país.
El Gobierno presentó la medida como un paso hacia el llamado “salario mínimo vital”, una apuesta que, según el Ejecutivo, busca garantizar condiciones de vida dignas a las familias trabajadoras y recuperar el poder adquisitivo golpeado por la inflación de los últimos años. Sin embargo, el anuncio también encendió alarmas en sectores empresariales, analistas económicos y gremios productivos, que advierten posibles efectos colaterales sobre el empleo, los precios y la informalidad.
Más allá del titular, el debate de fondo es complejo: ¿estamos ante una corrección social necesaria o frente a una decisión de alto riesgo macroeconómico?
Cómo quedó el salario mínimo y el auxilio de transporte en 2026
Con el decreto presidencial, las cifras oficiales para 2026 quedaron así:
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Salario mínimo mensual (sin auxilio): $1.750.900
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Auxilio de transporte: $249.100
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Ingreso total mensual: $2.000.000
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Pago quincenal (sin auxilio): $875.450
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Auxilio quincenal: $124.550
El subsidio de transporte continúa aplicando para trabajadores que devengan hasta dos salarios mínimos y no constituye salario base, aunque sí se tiene en cuenta para liquidar prestaciones como prima y cesantías.
Este aumento representa un salto nominal de más de $327.000 mensuales frente a 2025, el mayor ajuste en casi tres décadas.
Petro y la idea del “salario mínimo vital”
En su alocución presidencial, Gustavo Petro insistió en que el aumento no responde únicamente a la inflación, sino a una redefinición del concepto de salario mínimo, alineada con principios constitucionales y estándares internacionales.
El mandatario explicó que el cálculo parte de la realidad familiar: hogares de 3,4 personas, con 1,5 trabajadores por familia, y una canasta básica cercana a los $3 millones mensuales. Bajo ese enfoque, el salario no debe medirse solo como ingreso individual, sino como herramienta para sostener un hogar.
Petro defendió que un salario más alto fortalece la economía popular, incrementa el consumo en barrios y municipios, y dinamiza sectores como comercio, servicios y pequeñas empresas. “No es solo para el trabajador formal; también beneficia al tendero, al vendedor ambulante y al pequeño productor”, sostuvo.
Implicaciones positivas del aumento del salario mínimo
1. Recuperación del poder adquisitivo
Uno de los principales argumentos a favor del aumento es la recuperación del salario real. Según el Gobierno, descontando inflación, el ingreso mínimo crecería cerca de un 18% en términos reales, algo poco común en la historia económica reciente del país.
Para millones de hogares, esto se traduce en mayor capacidad para cubrir gastos básicos como alimentación, transporte, servicios públicos y educación.
2. Estímulo al consumo interno
Un salario mínimo más alto puede impulsar la demanda agregada, especialmente en economías locales. Tiendas de barrio, restaurantes populares y pequeños comercios suelen ser los primeros beneficiados cuando aumenta el ingreso disponible de los trabajadores.
Este efecto multiplicador es clave en un contexto de desaceleración económica regional y bajo crecimiento global.
3. Reducción de pobreza laboral
Aunque no elimina la informalidad, el aumento del salario mínimo sí puede reducir la pobreza entre trabajadores formales, un fenómeno creciente en América Latina, donde tener empleo ya no garantiza salir de la precariedad.
Desde una perspectiva social, el decreto refuerza la narrativa de un Estado más activo en la redistribución del ingreso.
4. Señal política y simbólica
El mensaje político es claro: el Gobierno prioriza el ingreso de los trabajadores como eje de su proyecto. En un año preelectoral, el salario mínimo se convierte también en una bandera ideológica frente a modelos más ortodoxos.
Riesgos y efectos negativos del alza salarial
1. Presión inflacionaria
El principal temor de los analistas es que un aumento de esta magnitud termine trasladándose a los precios. Sectores intensivos en mano de obra podrían ajustar costos vía inflación, especialmente en alimentos, transporte y servicios.
Si la inflación se acelera, parte del beneficio real del aumento podría diluirse en pocos meses.
2. Impacto en empleo formal
Pequeñas y medianas empresas, especialmente en regiones con baja productividad, podrían enfrentar dificultades para absorber el nuevo costo laboral. El riesgo es claro: menos contratación formal o mayor informalidad.
En Colombia, donde más del 55% de los trabajadores ya están en la informalidad, este es un punto crítico.
3. Aumento de costos para el Estado
El salario mínimo es referencia para pensiones, contratos públicos, subsidios y transferencias. Un aumento alto implica mayor presión fiscal en un contexto donde el Gobierno enfrenta restricciones presupuestales y un debate abierto sobre sostenibilidad de la deuda.
4. Distorsiones regionales
El mismo salario mínimo rige tanto para grandes ciudades como para municipios con economías frágiles. En regiones rurales o apartadas, el aumento puede generar desbalances entre productividad y salario, afectando la viabilidad de negocios locales.
El salario mínimo en perspectiva histórica
En los últimos 10 años, Colombia ha vivido una tendencia de incrementos crecientes, especialmente desde 2022:
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2022: +10,7%
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2023: +16%
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2024: +12%
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2025: +9,53%
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2026: +23,78%
El salto de 2026 rompe con la lógica gradualista que predominó durante décadas y plantea un cambio estructural en la política salarial.
¿Hacia dónde va el debate?
El salario mínimo dejó de ser solo un asunto técnico para convertirse en un campo de disputa política, social e ideológica. La pregunta ya no es si debe subir, sino cuánto, cómo y con qué respaldo productivo.
Si el aumento viene acompañado de políticas de formalización, apoyo a pymes, control de precios y estímulos a la productividad, el impacto podría ser positivo. Sin esas medidas, el riesgo es que el ajuste termine generando efectos adversos que golpeen justamente a quienes busca beneficiar.
Conclusión: una apuesta de alto impacto
El aumento del salario mínimo 2026 marca un punto de inflexión en la política económica colombiana. Para algunos, es una corrección histórica; para otros, una apuesta riesgosa en un contexto fiscal y productivo complejo.
Lo cierto es que el debate apenas comienza. El verdadero impacto no se medirá en el decreto, sino en los indicadores de empleo, inflación, informalidad y consumo durante los próximos meses.
Colombia entra a 2026 con un salario mínimo más alto, pero también con un desafío mayor: convertir ese ingreso en bienestar real y sostenible.
