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Trump amenaza con aranceles de hasta 25 % a países europeos si no aceptan negociar la compra de Groenlandia

La ambición de Estados Unidos por controlar Groenlandia dejó de ser una excentricidad diplomática y se convirtió en un conflicto geopolítico de alto voltaje. El presidente Donald Trump anunció la imposición de nuevos aranceles a ocho países europeos, como medida de presión directa para forzar un acuerdo que permita a Washington adquirir la isla ártica, territorio autónomo del Reino de Dinamarca.

La decisión ha generado tensiones inéditas entre Estados Unidos y la Unión Europea, al punto de que el Parlamento Europeo ya anunció la congelación del pacto comercial con Washington como respuesta a lo que califican de “chantaje inaceptable”.


Aranceles como herramienta de presión política

Trump confirmó que impondrá un arancel inicial del 10 % a productos provenientes de:

  • Dinamarca

  • Noruega

  • Suecia

  • Francia

  • Alemania

  • Reino Unido

  • Países Bajos

  • Finlandia

La medida entraría en vigor de inmediato y aumentaría al 25 % a partir del 1 de junio si no se alcanza un acuerdo para la “compra total y plena de Groenlandia” por parte de Estados Unidos.

El anuncio pone en entredicho los acuerdos comerciales vigentes entre Washington y la Unión Europea, así como el pacto bilateral con el Reino Unido, que hasta ahora limitaban los aranceles a un máximo del 15 %.


¿Por qué Trump quiere Groenlandia?

Groenlandia no es solo hielo. Es posición estratégica, control del Ártico y acceso a recursos clave. Trump ha sido explícito al justificar su interés:

“China y Rusia quieren Groenlandia, y Dinamarca no puede hacer nada al respecto. Solo Estados Unidos puede manejar esta situación con éxito”, escribió en Truth Social.

Para la Casa Blanca, el control de la isla es clave en un contexto de militarización del Ártico, rutas comerciales emergentes y competencia directa con China y Rusia por la supremacía global.

Trump también criticó los ejercicios militares conjuntos europeos en Groenlandia, calificándolos como una “situación peligrosa para la seguridad mundial”.


Europa responde: firmeza, soberanía y congelación comercial

La reacción europea fue rápida y coordinada. El Parlamento Europeo anunció la suspensión del proceso de ratificación del acuerdo comercial UE–EE. UU., una señal política contundente.

Manfred Weber, presidente del Partido Popular Europeo, fue tajante:

“Dados los chantajes de Donald Trump sobre Groenlandia, la aprobación del acuerdo comercial no es posible en este momento”.

A esta postura se sumaron Socialistas y Demócratas, Renew Europe y otros bloques, garantizando la congelación del pacto en la Eurocámara.


Macron, Starmer y los líderes europeos elevan el tono

Varios jefes de Estado y de Gobierno reaccionaron públicamente:

  • Emmanuel Macron calificó las amenazas de “inaceptables” y aseguró que Europa no cederá a la intimidación.

  • Keir Starmer, primer ministro británico, recordó que Groenlandia “no está en venta” y que los aranceles entre aliados de la OTAN son “completamente erróneos”.

  • Ulf Kristersson, primer ministro sueco, denunció un “chantaje inadmisible”.

  • Alexander Stubb, presidente de Finlandia, advirtió que los aranceles podrían desencadenar una “espiral descendente” en la relación transatlántica.

Desde Bruselas, Ursula von der Leyen y António Costa reiteraron el respaldo total a Dinamarca y a la soberanía de Groenlandia.


Groenlandia no está en venta

Tanto el Gobierno danés como las autoridades groenlandesas han sido claras:
el futuro de la isla solo lo deciden sus habitantes.

La presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, lo resumió así:

“Groenlandia no está en venta. Ninguna amenaza de aranceles cambiará ese hecho”.


Más que comercio: una disputa por el poder global

Lo que está en juego va más allá de los aranceles. Groenlandia se ha convertido en una pieza central del nuevo tablero geopolítico, donde Estados Unidos busca asegurar posiciones frente al avance de China y Rusia en el Ártico.

Europa, por su parte, enfrenta el dilema de defender su soberanía sin romper la relación transatlántica.

El pulso apenas comienza.

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