PISA 2025: Colombia mejora poco en ciencias, pero sigue con una deuda enorme en lectura y matemáticas
Los resultados de las pruebas PISA 2025 vuelven a poner la educación colombiana en el centro del debate público. El país registró retrocesos en Matemáticas y Lectura, una mejora moderada en Ciencias y una brecha considerable frente al promedio de la OCDE.
Colombia obtuvo 381 puntos en Matemáticas, 399 en Lectura y 414 en Ciencias. Siete de cada diez estudiantes no alcanzaron el nivel básico en Matemáticas.
¿Qué son las pruebas PISA?
PISA significa Programme for International Student Assessment, o Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes. Es una prueba coordinada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, que se realiza periódicamente desde el año 2000.
La evaluación está dirigida a estudiantes de aproximadamente 15 años, una etapa clave porque coincide con el final de la educación básica o el inicio de la media en buena parte de los países. No evalúa si un estudiante memorizó un tema específico de su clase, sino si puede usar lo aprendido ante situaciones nuevas y cotidianas.
Por ejemplo, PISA no pregunta solamente por una fórmula matemática. Puede presentar una situación sobre transporte, consumo de energía, presupuesto familiar o interpretación de datos y pedir que el estudiante razone cuál es la mejor respuesta.
En la edición de 2025 participaron más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías, una muestra que representa cerca de 33 millones de jóvenes de 15 años en el mundo.
¿Qué evalúa PISA?
PISA mide tres áreas principales: Matemáticas, Lectura y Ciencias. En 2025, Ciencias fue el campo principal de la evaluación y también se incluyó una medición relacionada con la resolución de problemas computacionales.
La lógica de PISA es clara: el mundo actual exige más que repetir contenidos. Un joven necesita leer críticamente, distinguir datos confiables de contenidos engañosos, argumentar, analizar cifras y tomar decisiones con información suficiente.
Esto cobra especial importancia en una época marcada por redes sociales, inteligencia artificial, sobrecarga informativa y polarización política. Una ciudadanía que no comprende textos complejos o no interpreta datos queda más expuesta a la manipulación, la desinformación y las decisiones tomadas desde la emoción antes que desde la evidencia.
¿Por qué importan estos resultados?
Las pruebas PISA no son un veredicto absoluto sobre la educación de un país. No miden todo: no sustituyen indicadores de acceso, permanencia escolar, bienestar, convivencia, infraestructura, arte, deporte o formación ciudadana.
Pero sí funcionan como un termómetro internacional. Permiten comparar qué tan bien están logrando los sistemas educativos que sus estudiantes desarrollen competencias aplicables a la vida, al trabajo, a la educación superior y a la participación democrática.
Su importancia está en que los resultados pueden orientar decisiones de política pública. Hablan de formación docente, acceso a materiales, conectividad, alimentación escolar, jornada educativa, bibliotecas, acompañamiento familiar, desigualdades territoriales y condiciones socioeconómicas que afectan el aprendizaje.
Además, PISA deja una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Qué oportunidades reales tendrá un joven que termina la escuela sin comprender plenamente un texto, sin dominar razonamientos matemáticos básicos o sin herramientas para analizar información científica?
La educación no es un asunto exclusivo de colegios, maestros y estudiantes. También es un tema económico, social, democrático y de seguridad humana. Un país con brechas profundas de aprendizaje enfrenta mayores obstáculos para innovar, reducir desigualdades y formar ciudadanos capaces de exigir mejores decisiones públicas.
Así le fue a Colombia
Colombia obtuvo 381 puntos en Matemáticas, 399 en Lectura y 414 en Ciencias en PISA 2025. Frente a la medición de 2022, el país bajó en Matemáticas y Lectura, mientras que en Ciencias registró una mejora de tres puntos.
En Matemáticas, Colombia obtuvo 381 puntos: ocho más que el promedio regional latinoamericano reportado, pero 82 puntos por debajo del promedio de la OCDE, ubicado en 463.
En Lectura, el resultado fue de 399 puntos, diez menos que en la medición anterior. La caída en esta área debe preocupar especialmente, porque la lectura atraviesa todo el aprendizaje: quien no comprende con claridad una pregunta, una instrucción, una tabla o un texto científico tiene más dificultades en casi todas las asignaturas.
En Ciencias, Colombia alcanzó 414 puntos, tres más que en 2022. Es una señal positiva, pero insuficiente: el promedio de la OCDE fue de 461 puntos, lo que mantiene una distancia de 47 puntos.
El dato que alarma
El resultado más fuerte para explicar la situación está en Matemáticas: el 71% de los estudiantes colombianos no alcanzó el nivel 2, considerado el umbral básico de desempeño en PISA. Es decir, cerca de siete de cada diez jóvenes evaluados no lograron demostrar las competencias mínimas esperadas para resolver problemas matemáticos de la vida cotidiana.valoraanalitik+1
Solo el 29% alcanzó los niveles 2, 3 o 4, y ningún estudiante colombiano llegó a los niveles 5 o superiores en esta área, según los datos divulgados sobre la evaluación.
En Lectura, el panorama tampoco es cómodo: el 54% de los estudiantes no llegó al nivel básico, mientras que apenas el 1% alcanzó los niveles superiores.
La brecha se observa también al mirar las tres áreas simultáneamente. El 43,9% de los estudiantes colombianos quedó por debajo del nivel 2 en Ciencias, Lectura y Matemáticas al mismo tiempo; en el promedio de la OCDE, esa proporción fue del 19,7%.
Estos números no deben usarse para estigmatizar a los estudiantes ni para culpar automáticamente a los docentes. Son el reflejo de problemas estructurales que se acumulan durante años: desigualdad, trayectorias escolares interrumpidas, diferencias entre territorios, falta de recursos, dificultades de aprendizaje no atendidas y brechas de acceso a oportunidades culturales y tecnológicas.
¿En qué puesto quedó Colombia?
Hay que hacer una precisión importante: PISA no entrega un único “ranking general” que combine Matemáticas, Lectura y Ciencias en una sola lista oficial. Cada área tiene su propia escala y clasificación.
En el ámbito latinoamericano, Colombia se ubicó en el sexto lugar en Matemáticas, con 381 puntos, detrás de Chile, Uruguay, Costa Rica, Perú y México, según los reportes regionales.
En Lectura, Colombia también quedó en el sexto puesto regional, con 399 puntos, según reportes que comparan los países latinoamericanos participantes.
En Ciencias, el país ocupó el cuarto lugar regional, compartido con México, con 414 puntos.
Los liderazgos regionales también cambiaron según el área. Uruguay y Chile aparecen entre los desempeños más altos de América Latina, aunque ningún país de la región alcanzó los promedios de referencia de la OCDE en las áreas principales.
La comparación internacional deja otra lección: no basta con mirar el puesto. Un ranking puede ser llamativo para un titular, pero lo relevante es entender la distancia de aprendizaje, cuántos estudiantes alcanzan las competencias básicas y cuáles son las brechas dentro del propio país.
No es solo una cifra
Detrás de cada promedio hay realidades muy distintas. No aprende bajo las mismas condiciones un estudiante urbano con acceso a conectividad, biblioteca, docentes estables y acompañamiento familiar, que otro que enfrenta pobreza, largos desplazamientos, interrupciones escolares o falta de recursos pedagógicos.
Por eso, discutir PISA exige evitar dos extremos. El primero es minimizar las cifras diciendo que “solo es una prueba”. El segundo es convertirlas en una etiqueta de fracaso para toda una generación. Ninguno ayuda.
Los resultados deben servir para abrir una conversación seria sobre qué está fallando y qué debe cambiar. Colombia necesita pasar del diagnóstico repetido a decisiones sostenidas que mejoren los aprendizajes reales, especialmente en los primeros años de escolaridad.
No hay atajos. Recuperar el aprendizaje requiere políticas de largo plazo, continuidad institucional y acuerdos que no dependan únicamente del gobierno de turno.
Los retos urgentes
Colombia necesita fortalecer las competencias básicas sin reducir la educación a entrenar estudiantes para un examen. El objetivo no debe ser subir puntos de manera artificial, sino garantizar que cada joven pueda comprender, razonar, argumentar y crear.
Entre las prioridades que debería poner sobre la mesa el debate público están:
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Fortalecer la formación inicial y continua de docentes, con acompañamiento pedagógico real y recursos para el aula.
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Priorizar lectura comprensiva desde los primeros grados, no solo como materia, sino como herramienta transversal para todas las áreas.
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Recuperar los aprendizajes matemáticos con metodologías que conecten números, lógica y resolución de problemas cotidianos.
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Reducir las brechas entre educación rural y urbana, así como entre colegios con diferentes condiciones socioeconómicas.
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Garantizar conectividad y alfabetización digital crítica, para que la tecnología sea una herramienta de aprendizaje y no otra fuente de desigualdad.
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Ampliar el acceso a bibliotecas, materiales de lectura, laboratorios y espacios culturales.
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Usar los datos educativos para identificar territorios y poblaciones que requieren apoyo prioritario.
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Promover una política educativa estable, con metas verificables y presupuesto suficiente.
La discusión también debe incluir a las familias, universidades, empresas, medios de comunicación y organizaciones sociales. Mejorar el aprendizaje no es una tarea que pueda recaer únicamente sobre los colegios.
Educación y democracia
Para un país como Colombia, donde el debate público está atravesado por polarización, noticias falsas, campañas electorales permanentes y desafíos institucionales, fortalecer la lectura crítica no es un lujo. Es una necesidad democrática.
Un estudiante que aprende a contrastar fuentes, interpretar datos y construir argumentos llega mejor preparado para participar en la vida pública. Puede identificar una promesa imposible, cuestionar una cifra manipulada, reconocer contenido engañoso y tomar decisiones más informadas.
Las pruebas PISA no miden directamente la calidad de nuestra democracia. Pero las competencias que evalúan —comprensión, razonamiento, análisis de evidencia y solución de problemas— son indispensables para sostenerla.
Por eso, los resultados deben interesar tanto a quienes trabajan en educación como a quienes siguen la economía, la política, el empleo, la innovación y la seguridad. La calidad educativa condiciona el presente y el futuro de todos esos temas.
La pregunta de fondo
El resultado de PISA 2025 deja una señal clara: Colombia no puede conformarse con una leve mejora en Ciencias mientras retrocede en Lectura y Matemáticas. El reto no es solo escalar posiciones en una tabla internacional; es evitar que millones de jóvenes lleguen a la adultez con oportunidades limitadas por fallas acumuladas en su proceso educativo.
La discusión debe salir del titular del día y convertirse en una exigencia ciudadana permanente. La educación necesita menos improvisación, más evidencia y una apuesta nacional que entienda que cada punto perdido representa una brecha de aprendizaje, pero también una oportunidad que el país puede recuperar.

