Therians: ¿subcultura juvenil o riesgo para la salud mental?
De foros noventeros a TikTok: así nació la cultura therian
El término therian viene del griego “therion”, que significa “bestia” o “animal salvaje”, y se usa hoy para describir a personas que sienten que una parte esencial de su identidad no es del todo humana, sino animal. La subcultura moderna surge en los años noventa en foros de internet como alt.horror.werewolves, donde fans de hombres lobo comenzaron a hablar de sentirse, en un plano espiritual o psicológico, parcialmente animales. Con el paso del tiempo, el término “therianthrope” se consolidó, aparecieron foros especializados como Werelist y se extendieron comunidades en varios idiomas, desde inglés hasta francés o portugués.
Lo que en los noventa era un nicho vinculado a espiritualidades alternativas y exploraciones de identidad, en la última década se convirtió en una subcultura juvenil visible gracias a plataformas de video corto como TikTok, YouTube e Instagram. Hoy, los llamados “therian TikTok” y comunidades afines son espacios donde jóvenes comparten videos con máscaras, comportamientos animales y narrativas sobre “theriotypes” (el animal con el que se identifican). Para la política y la opinión pública, esto abre una nueva pregunta: ¿estamos ante una moda viral, una forma legítima de identidad alternativa o un síntoma de malestar psicosocial en adolescentes hiperconectados.
Qué significa ser therian y por qué no es lo mismo que “jugar a ser animal”
En términos simples, un therian es alguien que se identifica en parte como un animal específico en el plano espiritual, psicológico o simbólico, sin creer que físicamente lo sea. Muchos describen su experiencia como una conexión profunda con la “esencia” o comportamiento de un animal (lobo, felino, ave, etc.), que se manifiesta en sensaciones corporales, formas de moverse o imaginarse a sí mismos, más que en una alucinación literal.
Dentro de la propia comunidad se diferencia entre experiencias espirituales, donde la identidad animal se relaciona con creencias sobre almas o vidas pasadas, y experiencias psicológicas, donde se asume como una forma de explicar rasgos de personalidad o mecanismos de afrontamiento. Adultos therians reportan que esa vivencia suele comenzar en la infancia o adolescencia y se percibe como estable a lo largo de la vida, no como un “juego de temporada”. Sin embargo, el boom en TikTok ha generado una capa de contenidos performativos (máscaras, “quadrobics”, roleplay) que a menudo mezclan identidad, moda y búsqueda de atención, lo que genera fricción entre therians veteranos y adolescentes que se acercan desde la estética viral.
¿Enfermedad mental o búsqueda de pertenencia? Lo que dice la evidencia
La pregunta que se instala en medios y familias es si la tendencia therian debe tratarse como una patología psiquiátrica. La literatura científica disponible es limitada, pero algunos estudios han analizado bienestar, rasgos de personalidad, esquizotipia y autismo en personas que se identifican como therians. Una investigación con más de 100 therians mostró que tienden a puntuar más bajo en dimensiones asociadas a relaciones sociales positivas, probablemente por el estigma y la incomprensión, pero que la identidad therian puede funcionar como factor protector en autonomía para personas con rasgos autistas o esquizotípicos.
Es decir, los datos no los describen como “enfermos” por ser therians, sino como un grupo que ya suele cargar con vulnerabilidades psicosociales y que encuentra en esta identidad un espacio de comunidad y autoafirmación. Terapeutas que han trabajado con ellos reportan posiciones divididas: algunos leen la experiencia como posible síntoma de psicosis, pero otros concluyen que no hay delirio ni pérdida de contacto con la realidad y recomiendan trabajar más sobre bienestar general que sobre “curar” la identidad therian. A nivel de salud pública juvenil, el foco no debería ser “erradicar” la subcultura, sino vigilar riesgos colaterales: aislamiento, bullying, autolesiones o uso de la identidad como refugio ante problemas que siguen sin atenderse.
Desde una mirada política y de políticas públicas, etiquetar de entrada este fenómeno como “enfermedad mental” puede alimentar pánicos morales y justificar respuestas represivas en escuelas y redes, en lugar de promover alfabetización digital, acompañamiento psicológico y marco de derechos para adolescentes con identidades no normativas.
Dónde crece más y cómo se organizan: Estados Unidos, Europa y las plataformas
El mapa exacto es difícil de trazar porque la identidad therian se mueve sobre todo en espacios digitales, pero la mayor concentración visible de usuarios activos está en el mundo angloparlante, especialmente Estados Unidos, seguido por países europeos como Alemania o Reino Unido y comunidades dispersas en otros países. Parte de esta percepción se explica porque gran parte de la conversación en línea se da en inglés y porque TikTok y Reddit amplifican contenidos producidos en el norte global.
En cuanto a cómo se contactan, hay un ecosistema bastante definido:
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TikTok: principal puerta de entrada juvenil, con videos virales, tutoriales y tendencias, pero también mucha desinformación.
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YouTube: espacio histórico para testimonios más largos y explicaciones de identidad therian.
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Discord y Amino: sirven como comunidades cerradas donde se crean servidores y grupos dedicados a compartir experiencias, chatear y organizar actividades.
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Reddit y foros clásicos: funcionan como núcleos de discusión más estructurada y, muchas veces, generacionalmente más adulta.
Desde la política pública, esto significa que cualquier intento de abordar riesgos o acompañar a jóvenes implicados en la tendencia pasa por comprender estas plataformas, no por discursos abstractos sobre “valores” desconectados de la experiencia digital real.
¿Amenaza de salud pública juvenil o síntoma de algo más profundo?
No hay evidencia robusta que permita afirmar que la tendencia therian, por sí misma, sea una amenaza de salud pública juvenil equiparable a adicciones, depresión o violencia. Lo que sí muestran estudios y testimonios es que muchos therians conviven con rasgos autistas, de esquizotipia o con historias de exclusión, y que la subcultura puede funcionar tanto como refugio saludable como espacio donde se agravan el aislamiento o el conflicto con la familia y la escuela.
El debate político y mediático no debería quedarse en la dicotomía “moda o locura”, sino preguntarse qué dice el auge de estas identidades sobre un modelo educativo que no logra acoger la diversidad, y sobre un ecosistema de redes donde la búsqueda de pertenencia y visibilidad es central para millones de adolescentes.
