Colombianos, sin pensamiento mágico, por favor

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Óptica periodística

Nelson Germán Sánchez Pérez –Gersan-

Pasada la fiesta de la democracia de ayer y con la resaca electoral de algunos, es mejor que todos nos tomemos el caldo del desenguayabe para volver sobre la realidad de Colombia. Estas líneas se escriben antes del cierre de las urnas, por lo cual Petro puede haber amanecido siendo Presidente o pasado a la segunda vuelta con Hernández o Fico; si Fajardo lo logró sería el mayor milagro en la actual era electoral.

Pues bien, lo cierto es que debemos aterrizar ya de ese pensamiento mágico creado alrededor de los candidatos presidenciales -por tanta campaña- para saber que ninguno se enfrenta a un panorama fácil de gobernabilidad dada la realidad circundante. Igualmente necesario es el no llamarnos a engaños, porque los anhelados cambios estructurales a la Colombia profunda no llegarán de la noche a la mañana ni tan siquiera en los próximos 4 años. Pequeños pasos en avances es lo que habrá porque:

En Colombia según los propios datos del DANE, el 39.3% de la población se considera pobre, el 31 % vulnerable, el 27.8 % de la población es de clase media y tan solo el 1.8% de la población es de clase alta.

Fedesarrollo advirtió hace ya un tiempo que los cálculos entregados sobre la pobreza rural en Colombia tenían errores en lo atinente a la línea de aproximación, pues se ubicó en 42,9 %, cuando en el año de la medición anterior era de 47.5%.

Además, de acuerdo con las cifras del propio DANE, la línea de pobreza del país se estima en un ingreso per cápita (por persona) de 354 mil pesos mensuales, para la pobreza extrema se definió en 161 mil pesos mes. El índice de esa pobreza monetaria fue de 39.3%, lo cual se traduce en que hay 19 millones de colombianos sin suficientes ingresos para completar sus necesidades básicas. Es más, la pobreza monetaria extrema llegó a 12.2 % en todo el país, o sea hay más de seis millones de personas en esa condición. La llamada pobreza multidimensional, otro indicador, es del 16.1 %.

Continuemos, un estudio para Forbes estableció que en nuestra nación la mitad de la población es dueña de un escaso 1% de la riqueza, y buena parte de los recursos están en un 5 o 10% de los colombianos. Además, según cifras del Censo Nacional Agropecuario (CNA de 2019), el 73,8% de las áreas se concentra en tan solo un 0.2% de las llamadas Unidades Productoras Agrícolas (UPA), lo que se traduce en una enorme concentración de la tenencia de la tierra.

De otro lado, la FAO alertó que 7.3 millones de compatriotas podrían sufrir de hambre durante el año 2022; un cálculo similar en ese sentido hizo el Panorama de Seguridad Alimentaria precisamente sobre dicha seguridad. A lo cual se suma el estimativo de que 13 millones de colombianos comen dos o menos veces al día, que el 37% de los hogares no comen tres veces al día.

Como si esto fuera poco, según la ONUDC, Colombia tiene aproximadamente 143 mil hectáreas de coca sembradas según el reporte del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos, y aunque hay disminución en las hectáreas, se calcula que la producción de cocaína aumentó en el país por la productividad de las plantas y las nuevas tecnologías, llegando a por lo menos 1.600 toneladas métricas de exportación.

Pero, además, el país de hoy tiene a una ciudadanía que se siente insegura, la última encuesta a los hogares arrojó que el 53.1% de los colombianos se siente inseguro y el 37% muy inseguro. Mientras el 23,6% no quiere salir solo de noche; la medición es de hace dos meses.

Bueno, este es tan solo un pequeño panorama, un abrebocas de la realidad y el contexto colombiano, con el cual se enfrentará el nuevo Presidente, quien requerirá mucho esfuerzo, cambios y recursos para avanzar. Así que como diría Kalimán al pequeño Solín: Serenidad y paciencia, que transformar realidades toma largo tiempo y no hay fórmulas fantásticas para lograrlo. No era más.

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