El país de los Fajardos y la necesidad de los Losadas

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Por: Andrés Bohórquez Canizales

Claramente hay varias posturas que se pueden tomar en una contienda electoral. Una relacionada con no hacer nada y esperar qué sucede, con la finalidad de tomar posición cuando haya un ganador (conveniente). Otra, optar por hacer activismo personal, en las redes o en espacios muy reducidos. Una más, es asumir un activismo político saliendo a las calles, marchando y de alguna manera aportándole algo más al candidato de mi preferencia política. En todos los casos el impacto político depende de cuál es el poder político que se tenga.

Una vez más Fajardo demostró anteponer intereses muy personales en su decisión de manifestar por quién votar. En el pasado, cuando se fue a ver ballenas, su apoyo era determinante para que ganara el hoy presidente electo, Gustavo Petro. En esta oportunidad y con casi todos los medios de los canales tradicionales cubriendo su voto, fue abucheado y reprochado, pues su voto fue en blanco, nuevamente. La diferencia es que está vez su diezmado poder electoral, no determinaba quién sería presidente.

Lo que presenciamos no es un voto tibio, simplemente fue un voto que tenía sed de ambiciones estrictamente personales.

Así nos sucede en Colombia, no hacemos activismo político puro y duro, para escoger la opción más conveniente. Negociamos con uno y con otro y cuando nuestras garantías personas priman más que la de una nación, optamos como un niño regañado a levantar los hombros y a señalar que nos importa poco o nada lo que suceda con el país.

Pasar de 4 millones de votos a 800 mil votos, solo significa que el liderazgo político de Fajardo puede estar alcanzando algo más de 100 mil votos.

El voto en blanco constituye una opción política evidentemente, pero de la forma en que la hizo Fajardo no lo es. Insisto, merecemos políticos que tomen determinaciones para que sigan salvando la democracia en este país, merecemos políticos de la talla de Juan Carlos Losada, que a pesar de que la mayoría de sus palabras fueron fuertes, desobligantes y a mi gusto guiadas por noticias falsas, defendió con vehemencia su posición política, se apartó del expresidente Gaviria -quien le quitó ser cabeza de lista del Partido Liberal a la Cámara de Representantes por Bogotá-, defendió la no fusión del Ministerio de Cultura con el Ministerio del Medio Ambiente, la lucha por el medio ambiente y por los animales. En últimas, Losada tomó una decisión política, no se quedó callado, Fajardo hizo primar problemas personales y la no negociación de algunos aspectos programáticos y votó en BLANCO, sin estar convencido, movido por el ego, la vanidad y el apego a una fracasada negociación.

Las futuras elecciones exigen ciudadanos que no sean Fajardos y que por el contrario animemos a votar con vigorosidad como los Losadas.

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